Cada día, en algún centro de salud, alguien registra una consulta, una vacuna o un control de embarazo. En otro escritorio se carga una factura. En otro, alguien decide cuánto presupuesto va a ir a salud el año que viene. Todos esos datos existen. El problema es que casi nunca vuelven a quienes tienen que tomar decisiones.
Esa convicción nos acompaña en FIGSA desde el principio, y después de estos años de trabajo la sostenemos con más fuerza: la mayoría de las deficiencias del sistema de salud no son un misterio. Están escritas en sus propios registros. Lo que falta es leerlas a tiempo y animarse a corregirlas.
En 2022 empezamos a acompañar el Monitoreo Sanitario en municipios y comunas del interior cordobés. La propuesta era simple de enunciar y difícil de sostener: fijar metas en líneas de cuidado priorizadas, capacitar a los equipos y medir resultados con las prestaciones que ya se registraban en el Programa SUMAR. Mientras existió un incentivo por desempeño, los indicadores mejoraron. Cuando ese incentivo se discontinuó, la mejora se frenó.
Ahí está la primera lección: los datos solos no cambian nada si no hay una decisión que los acompañe. Pero también vimos lo contrario. Muchos equipos municipales adoptaron la mirada poblacional como forma de trabajo y la siguieron usando. Esa experiencia la compartimos con el equipo de salud del Banco Mundial como una buena práctica de gestión.
Con los municipios también aprendimos a mirar la plata. Revisar las ejecuciones presupuestarias en salud abrió conversaciones que no se dan cuando solo se habla de servicios, y nos llevó a plantear una propuesta para la sostenibilidad de la salud pública municipal.
Y en salud digital confirmamos algo que dijimos en una nota anterior: no es la herramienta, es la estrategia. En Córdoba hay más de 427 municipios y comunas y alrededor de 700 centros de salud, y cada uno registra la información a su manera. Por eso, junto a RECAINSA, elaboramos el reporte técnico sobre el Resumen Clínico Interoperable de la Persona: antes de comprar sistemas, hay que acordar qué información necesita viajar con cada persona.
El mismo enfoque funciona puertas adentro. Con el Servicio de Oftalmología del Hospital Italiano de Córdoba revisamos sus procesos administrativos. En Justiniano Posse, junto a la Cooperativa Eléctrica y de Obras y Servicios Públicos, relevamos cómo la población percibe y accede a los servicios de salud, y lo convertimos en recomendaciones concretas.
Gracias a este proceso, logramos definir claramente nuestros objetivos y priorizar acciones estratégicas basadas en información sólida.
Dra. Valeria Ruffa, Servicio de Oftalmología del Hospital Italiano de Córdoba
También creemos que una fundación tiene que hablar en público. Mostramos que en Córdoba unas 300 mil personas más dependen hoy del sistema público, analizamos la mortalidad materna, la natalidad y la situación del suicidio en la provincia, y fuimos consultados por el periódico británico The Guardian sobre los presupuestos nacionales de salud. No para tener la última palabra, sino para que el debate empiece desde la evidencia.
Si los datos sirven para corregir deficiencias en la atención y en la gestión, también sirven para corregirlas en el pago. Hoy las obras sociales reciben facturas por prestaciones que no les corresponden: personas que no estaban afiliadas al momento de la atención, accidentes de trabajo que debería cubrir una ART, casos donde el responsable del pago es otro. Cuando eso pasa, nadie gana. La obra social pierde recursos que deberían ir a sus afiliados, y el sistema entero se vuelve menos transparente.
Por eso sumamos una nueva línea: inteligencia del gasto para Obras Sociales. El principio es el mismo que aplicamos cuando ayudamos a un hospital a facturar bien: que cada uno reciba lo que le corresponde. El establecimiento cobra lo suyo, al financiador que corresponde, y la obra social paga lo que efectivamente le toca.
Después de estos años, nuestra propuesta es la misma: promover la equidad en salud usando los datos para corregir deficiencias en la atención, la gestión y el financiamiento. Si alguna de estas situaciones te resulta conocida, escribinos:
Diego Alonso, Presidente de FIGSA
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