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Actualidad  ·  Destacados  ·  Opinión

Acercando madurez en salud digital y realidades de atención en salud

By Diego Alonso 

Aunque los actores del sistema de salud y sus servicios comparten una visión común sobre hacia dónde debe dirigirse la atención sanitaria en el marco de la era digital, aún persiste una brecha relevante: administradores y profesionales de la salud no siempre están alineados en las prioridades necesarias para alcanzar la madurez digital. La desconexión no está tanto en los objetivos generales, sino en cómo cada grupo define el VALOR que la salud digital aporta.

En otras palabras, los sistemas de salud suelen estar alineados en la visión pero divididos en la ejecución. Por ejemplo: los profesionales de la salud priorizan los resultados clínicos, la integración de dispositivos y aplicaciones en los flujos de trabajo, la utilidad práctica. En cambio, los administradores suelen evaluar estas soluciones desde la transformación organizacional, la eficiencia operativa y el desempeño institucional. 

Cerrar estas brechas exige traducir esas miradas en decisiones compartidas.

¿Cómo acercar estas miradas y valores?

1)      Incorporando a los profesionales de salud en las decisiones de compra y diseño digital.

Los desafíos de adopción de una Historia Clínica Electrónica (HCE), por ejemplo, no son solo problemas de implementación. Comienzan antes: en la forma en que la herramienta se integra a los flujos de trabajo, en la confiabilidad y seguridad de los registros, y en su capacidad para facilitar la lectura clínica para la toma de decisiones. Por eso, la participación de los equipos de salud no debería limitarse a la etapa de uso, sino comenzar en la definición de necesidades, criterios de selección y condiciones de adopción.

2)      Convirtiendo a los equipos operativos en articuladores de la transformación digital.

La orquestación digital —la convivencia de múltiples dispositivos, aplicaciones y registros— se está convirtiendo en una capacidad crítica de los servicios de salud. La tecnología, por sí sola, no puede cerrar la distancia entre la estrategia digital y la realidad de los procesos de atención. Para lograrlo, las organizaciones deben alinear personas, procesos y tecnología en torno a objetivos compartidos, con participación continua de actores clínicos, operativos y ejecutivos.

3)      Diseñando la interacción digital desde la experiencia del usuario.

Los administradores suelen pensar en infraestructuras escalables de interacción: portales para usuarios, plataformas de mensajería y canales digitales capaces de llegar a grandes volúmenes de personas. Los profesionales de salud, en cambio, se concentran en lo que impulsa la acción del paciente en cada situación: educación personalizada, comunicación contextual y apoyo integrado al proceso de atención. El desafío no es reemplazar los portales, sino complementarlos con estrategias más precisas. La evolución de la interacción digital dependerá menos de multiplicar canales y más de ofrecer la intervención adecuada en el momento oportuno.

4)      Construyendo infraestructuras digitales con integración, gobernanza y sentido clínico.

La infraestructura para una atención digital escalable y para el uso responsable de la inteligencia artificial no debería entenderse como una nueva capa tecnológica, sino como una capacidad organizacional. Incorporar más soluciones sin reglas claras de integración, gobernanza de datos, criterios clínicos compartidos y responsabilidades operativas definidas puede profundizar la fragmentación que la salud digital promete resolver. Cada nueva herramienta corre entonces el riesgo de convertirse en un circuito paralelo: útil en apariencia, pero desconectado de los flujos reales de atención y de las decisiones clínicas cotidianas.

Vamos cerrando entonces la idea:

No creemos que sea sencillo avanzar en los puntos mencionados, pero estamos convencidos que las prioridades no debieran ser expandir indefinidamente el número de herramientas digitales, sino más bien construir modelos operativos capaces de integrarlas con seguridad, trazabilidad y responsabilidad institucional. La madurez digital, en definitiva, no se mide solo por la tecnología disponible, sino por la capacidad del sistema para convertirla en mejores decisiones, mejores procesos, mejores experiencias de atención y eficiencia administrativa.


1 Comentario


Fernando Wedemeyer
27/07/2026 at 2:31 PM
Reply

Interesante mirada integradora. Creo que hay mucho para profundizar y definir objetivamente.


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